Sunday, 13 January 2008

Kolda y sus peligros


Mi mundo se tambalea.
Antes de llegar aquí las guías, los médicos y mis conocidos, me han advertido tanto sobre los peligros de África que los primeros días, como buen occidental, una paranoia constante se ha apoderado de mí. Cada mosquito, cada bocado de cualquier alimento, cada trago, cada animal, cada herida en otras personas, cada mínimo síntoma en mi cuerpo, todo ello es posible fuente de enfermedades para el recién llegado. Aquí la gente no parece darse cuenta de ello. Afortunadamente me estoy acostumbrando y aunque los peligros realmente existen, uno, poco a poco, se da cuenta de que la decisión ya está tomada, ya estoy aquí y aquí voy a seguir unos meses y bueno, además, antes de venir me puse 40000000 vacunas así que la cosa debería ir bien.
La ciudad donde estoy se llama Kolda y esta al sur de Senegal, no tiene ningún interés turístico por lo tanto no suelo ver mas de dos personas blancas al día (si llega). Esto provoca que todas las personas con las que me cruzo me miren con curiosidad, me sonrían. Muchos también me saludan, aquí el saludo es todo un rito:
-¿Qué tal?
-bien ¿y usted?
-¿Qué tal la familia?
-Muy bien gracias ¿y la suya?
-bien bien ¿gracias, qué tal?
-Bien, bien, de verdad
-¿Esta usted bien?
-si si, muy bien
-sea usted bienvenido.
-Muchas gracias
-Hasta pronto
Todo esto acompañado de varios apretones de mano y sumo respeto. Algunos otros me dicen que quieren presentarme a sus familias y alguna vez he accedido, el problema es que muchas de estas relaciones contienen un interés a largo plazo, normalmente quieren recibir una invitación que dé la posibilidad de emigrar a Europa, "la tierra del ensueño".
El referente español más cercano que se me ocurre para explicar a qué se parece esta ciudad es un poblado de chabolas. La mayoría de las casas son construcciones de cemento con un aspecto muy pobre, sin puertas y todo está viejo. Las calles: suelos de arena, suciedad, burros, vacas, corderos, gallinas, perros y mucha gente vestida de mil colores, a mí me parece muy bonito. De noche apenas hay farolas, cuando se camina por la calle hay momentos de total oscuridad. Hay una atmósfera de apariencia realmente peligrosa, pero bueno, después de haber preguntado a distintas personas parece ser que no hay peligro. Aun así reconozco que yo voy por la calle con un poquillo de miedo pero menos que las primeras noches…
Ahora mismo son las 16.45, hace un calor tremendo (a pesar de que es el periodo más fresco del año), os voy a contar lo que me ha pasado hace apenas una hora:
Iba por la calle y un tipo joven me llama, nos presentamos, me pide mi teléfono, se lo doy y empezamos a charlar mientras caminamos. Me pregunta que si le invito a mi casa (bueno, no es una casa, es una habitación en una casa de huéspedes), le contesto que ahora no, que tengo cosas que hacer. Entonces me dice que quiere ser mi amigo y que algún día le gustaría conocer España, no para ir a vivir sino “para conocer mundo”. Y por aquí la conversación ha empezado a tomar tintes surrealistas, me pregunta:
-dígame, ¿alguna vez ha estado usted delante de un hombre negro desnudo?
-…
-quiero decir, ¿alguna vez ha tenido la oportunidad de ver el sexo de un hombre negro?
-bueno, no es algo que me interese especialmente.
-Y dígame Mario-por entonces el tipo ya sabía mi nombre y apellido- ¿a usted le gustaría que yo fuese a su casa e hiciésemos el amor?
-no no, de verdad
-¿por qué no?
-Bueno, no me gustan los hombres.
-No sea usted así de duro hombre Mario, yo creo que sí le gustaría.
-No, de verdad, no me gustaría nada, me gustan las mujeres.
-Bueno, y dígame, si yo le pidiese que me enseñase su sexo ¿usted accedería?
-No, desde luego que no. (Mi cara a estas alturas debía tener bastante gracia)
-Venga hombre Mario, yo no estoy acostumbrado a ver sexos de hombres blancos, me haría mucha ilusión.
-Bueno, lo siento mucho, eso no puede ser-mi boca por entonces se trababa sin parar.
-¿tiene usted una televisión?
-no
-es que me gustaría enseñarle un video que hemos hecho una gente y yo. ¿Le gusta a usted el porno?
-Bueno, no mucho.
-Venga Mario, yo soy un hombre como usted, a todos los hombres nos gusta el porno.
-Bueno, el porno para mi es demasiado explícito, prefiero la realidad.
(Pausa)
-Verá Mario, yo tengo una amiga muy guapa, tiene un culo y un cuerpo muy bonitos, ¿a usted le gustaría divertirse con ella?
-no, no, muchas gracias.
-Seguro que no, es como una modelo, es realmente guapa.
-No, de verdad, muchas gracias.
-bueno, dígame,¿Cuántos centímetros mide su sexo?
Entonces me río, empiezo a caminar en otra dirección y le digo que me voy, que la conversación se ha acabado, antes de irme me dice que me llamará.
Afortunadamente cuando el tío anotó mi número, al principio, cuando yo aún no conocía sus intenciones lo anotó mal, en vez de 89 puso 98. buffffffff.

3 comments:

Mel Alcoholica said...

Este comentario sólo es para decirte que acabo de leerte... y que todavía no sé qué decir!

Menudo cabrón, puta envidia. Aunque te acosen! Lo tienes bien merecido, por mover tanto el culo (inquieto)

moncho malalana said...

Al final nos hemos quedado sin saber cuántos centímetros mide tu sexo.

Dennis Gonzales Andres said...

Yo tambien estuve en senegal, y exactamente en ese pueblecillo llamado Kolda. El tipo que te abordo ha de ser un conocido pervertido del pueblo llamado txerno Tunkara.